«Recordar los derechos humanos significa reconocerlos”, artículo de opinión de Jesús Martín, Delegado del CERMI para los Derechos Humanos y la Convención de la ONU

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  • El 3 de mayo de 2008 nuestro país se comprometía con la inclusión, con la vida en común y con la autodeterminación de las personas con discapacidad
  • Son estas conquistas las que nos hacen mejores y, a la vez, se convierten en un buen indicador de progreso y en la mejor de las herencias para las generaciones venideras

Todas las culturas y civilizaciones han dedicado espacios para celebrar y conmemorar aquellos momentos  que entendían significativos y que, a su juicio, debían trascender a lo largo de los tiempos. Hemos sido herederas y herederos de un legado de fechas que debíamos celebrar como propias y que debíamos recordar para siempre. Días que nacen con un fin claro de homenaje, porque por alguna razón esos días dejaron huella en los pueblos, en la gente y en la propia humanidad.

Uno de esos días es sin duda el 3 de mayo de 2008, fecha en la que España ratificaba la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, un tratado de derechos humanos que nos devolvía la condición de persona que tantas veces se nos había negado y que reconocía y celebraba nuestra dignidad. El 3 de mayo de 2008 nuestro país se comprometía con la inclusión, con la vida en común y con la autodeterminación de las personas con discapacidad.

La adhesión a este tratado implicaba superar aquellas miradas que nos apartaban con el afán de protegernos, que querían curar nuestros cuerpos en vez de curar esos entornos discapacitantes,  que nos arrebataban la voluntad porque no creían en el valor de nuestras opiniones o preferencias. Ese día marca un punto de inflexión en la vida de todas las mujeres, niñas, hombres y niños con discapacidad que vivimos en España, porque el amparo de los derechos humamos se hacía al fin eco de nuestra existencia y de aquello que precisamos para ser parte de… TODO.

Pero debe ser ésta también una fecha en la agenda de País porque, con esta Convención, avanzamos en igualdad, en libertades y en derechos, y son estas conquistas las que nos hacen mejores, y a la vez se convierten en un buen indicador de progreso y en la mejor de las herencias para las generaciones venideras.

El movimiento social CERMI lo entendía así proponiendo al Gobierno que declarase el 3 de mayo Día Nacional de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, como prueba del compromiso de España con los principios, valores y mandatos de este Tratado, y en particular, con darlo a conocer, generar y extender una cultura activa de asunción y ejercicio práctico. El Ejecutivo asumía como propia esta petición y la hizo efectiva en Consejo de Ministros el pasado 22 de febrero.

La toma de conciencia es un arma poderosa para la mejora colectiva y debe ser una aliada estratégica de los derechos humanos, ya que éstos son retadores, ambiciosos y transformadores de ese Status Quo imperante. Es por ello que generan resistencias, recelos y suspicacias que llegan a cuestionarlos, a demorarlos y a violarlos. Debemos ser por tanto innovadores a la hora de reclamarlos,  promoverlos y protegerlos porque su naturaleza es a la vez vigorosa y frágil. Y llenaremos de contenido los tres de mayo para que esas leyes muchas veces lejanas que son los Tratados se conozcan, y este conocimiento opere en su cumplimiento y aplicación efectivos.

Ahora toca preguntarnos si debemos ver esta jornada como una celebración o como un día para el activismo social. Imagino que a día de hoy será más de lo segundo, pues son muchos los «debes» que España, como Estado (lo que implica también a las comunidades autónomas, ayuntamientos, legisladores, poder judicial, empresas, etc.), tiene con esta Convención. Pero estoy convencido de que la acción propositiva y beligerante del movimiento cívico de las personas con discapacidad y sus familias, encarnado en el CERMI, va a ser clave para que cada 3 de mayo tengamos más que celebrar y menos que revindicar.

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